
Cuarenta años. Es el tiempo que las ‘puertas del infierno’ llevan atrayendo cada día más y más curiosos para ver un boquete de setenta metros de diámetro por veinte de profundidad inundado en llamas. Situado en el desierto de Karakum, el cual cubre el 70% de toda la extensión de Turkmenistán, alrededor de ‘Darvaza’, como popularmente se le conoce, no hay más que una pequeña población de trescientas personas, la cual está a cinco horas en coche hacia el norte de la capital del país, Asjabad.
Para más inri, este fenómeno es resultado de la actividad humana. Durante los años 70′, un grupo de geólogos soviéticos se encontraban de expedición en busca de fuentes de energía fácilmente vendibles como el petróleo o el gas natural. Tras una exhaustiva búsqueda, lograron dar con una cueva llena del segundo producto nombrado anteriormente. El negocio estaba hecho… hasta que derrumbaron todo el techo de la cueva intentado perforar la cavidad. Ante el escape de gas producido tras esto, el grupo de ”expertos” decidió prender fuego a ese gas natural que podía ser mu peligroso para cualquier ser vivo que se acercara a la zona.
En un principio y según los propios científicos, dicha quema solo debía perdurar durante algunos días… y casi 15.000 días después las llamas siguen iluminando una de las zonas más despobladas del planeta.

