Caminamos hacia un mundo cada vez más globalizado e intercomunicado. Un lugar en el que una acción llevada a cabo en cualquier pequeño pueblo es conocido en la otra parte del mundo apenas unas décimas de segundo después.

El continuo desarrollo tecnológico e industrial vivido por la sociedad actual es difícilmente equiparable a algún otro fenómeno conocido. Esta carrera que parece estar corriendo la especie humana con el fin de superarse continuamente a sí misma tiene, no obstante, algunos riesgos para su salud.

Hace no pocos años que se habla de que no cualquier tipo de desarrollo es, o debería ser, admisible. Hay diversas opiniones al respecto pero, lo que parece ponernos a todos de acuerdo es la apuesta por modelos sostenibles. Ciudades ecológicas, movilidad eficaz y socialmente justa, arquitectura bioclimática

Toda esa estructura global que comunica a todo el mundo en un mismo sistema de redes nos permite pensar, cada vez más, como una única entidad y ser conscientes, con una mayor perspectiva, de los riesgos que podemos y debemos evitar.

Como resultado de esta nueva conciencia, han aparecido nuevos conceptos, como la ecología o el desarrollo sostenible que, según el Informe Brundtland de la ONU, se trata de “…aquellos caminos de progreso social, económico y político que satisfacen las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus propias necesidades”.

Y es que hablar de sostenibilidad y desarrollo es hablar de ciudades ecológicas.

Poco a poco hemos ido asumiendo que muchas de las bases sobre las que se había asentado el modelo de ciudad actual estaban obsoletas, en cuanto a relación con el medio ambiente se refiere.

En la actualidad, y haciendo una gran apuesta por las últimas técnicas y tecnologías, parece obvio que la senda a seguir es aquella que se guía por la eficiencia energética, la planificación bioclimática y la reducción de gastos energéticos inútiles.

La ciudad ecológica se basa en una gestión inteligente de todas sus partes. Apuesta por la reducción del transporte privado (origen del 30% de CO2 expulsado a la atmósfera) en favor del peatón o medios alternativos como la bici o el bus; por los espacios y zonas verdes, lugares de interrelación, etc. En definitiva, una apuesta social por la ciudad.

Pero todas estas propuestas no llegan en un momento casual. El avance de la tecnología y la ingeniería hace posibles algunas de las propuestas más firmes de la nueva ciudad.

Por ejemplo, la gestión ecológica del agua en un ámbito urbano, con la instalación de redes separativas, tanto de abastecimiento como de saneamiento, o el almacenamiento de aguas pluviales en estanques de retención para su posterior uso.

En pos de esa eficiencia energética, un buen aliado es la calefacción por distrito, pudiendo acompañarse por sistemas de cogeneración, de forma que se aproveche más y mejor la energía calorífica.

Y, por supuesto, una planificación bioclimática del modelo de ciudad. Una apuesta por sistemas de energías renovables. La prueba de que este pensamiento concienciado con el medio ambiente está cada vez más instaurado en la sociedad es que algunas normativas, como el CTE español, ya obliga a la implantación de energías renovables en los edificios.

Y es que, cada vez parece ser un hecho más constatado, la mejor forma de avanzar hacia el futuro pasa por no olvidarnos de lo que vamos dejando atrás.





By: Eva Otobalea De Mingo





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